– Lo siento -musitó.

– No… no importa -dijo ella-. Ha sido culpa mía. No miraba por dónde iba.

El sonido de su voz lo sorprendió. El intercomunicador la había distorsionado, haciéndola que sonara como una arpía. Muy al contrario, al oír su voz tan cerca de él, esta sonaba profunda, capaz de aturdirle el cerebro como una droga, convirtiéndolo en un adicto a su sonido.

– No, ha sido culpa mía.

– ¿Me puede decir dónde está el detective Wright? -preguntó ella-. Me dio esta ropa para que me la pusiera, pero me temo que no me sienta muy bien.

– El detective Wright estará con usted enseguida, señorita -dijo Conor, empujándola de nuevo hacia la puerta-. Espere ahí dentro hasta que él regrese.

Con eso, se giró y siguió andando hacia la calle.

– ¿Ves? No es nada especial -murmuró-. Solo un testigo normal y corriente. Efectivamente, es una hermosa mujer, pero, tarde o temprano, todas se convierten en fieras.

Conor se repitió aquellas palabras una y otra vez mientras se dirigía al aparcamiento. Para cuando Danny ayudó a entrar a una Olivia Farrell esposada a un coche, Conor casi se había convencido de que aquellas palabras eran ciertas. Sin embargo, mientras seguía el coche de su compañero, los recuerdos de la suavidad de su piel o de la profundidad de su voz le inundaron el cerebro.

No era como las otras. No estaba seguro de cómo lo sabía, pero Olivia Farrell era diferente. ¡Lo único que sabía con toda seguridad era que no pensaba volver a acercarse a ella!


Capítulo 2


Olivia no podía pensar en nada peor que Cape Cod con un vendaval del nordeste en el mes de octubre. Se suponía que octubre era un mes cálido y soleado, pero el cielo presentaba un aspecto desolador y el viento soplaba incansablemente desde el Atlántico, colándose por cada hueco y hendidura de aquella casa y sacudiendo los cristales de las ventanas tan frecuentemente, que Olivia pensó que se volvería loca. Por toda la casa había chimeneas encendidas, pero no había nada que pudiera retirar la humedad del aire.



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