
– Conor tiene razón. Además, tengo mucha sed, tanta que solo me la podrá saciar una buena pinta de Guinness.
Tras revolverles el pelo, se levantó de la cama y se dirigió a la puerta. Conor salió corriendo detrás de él.
– Papá, tenemos que hablar. ¿No puedes quedarte en casa esta noche?
– Suenas como una vieja, Conor. No seas pesado. Podemos hablar por la mañana.
Con eso, Seamus agarró la chaqueta y se marchó, dejando a su hijo con nada más que una fuerte corriente de aire y un temblor por todo el cuerpo. Sintiéndose derrotado, Conor se volvió a meter en el dormitorio. Dylan y Brendan ya se habían metido en sus literas, por lo que Conor apagó la luz y se tumbó en un colchón que había en un rincón, tapándose bien con la manta para combatir el frío.
Estaba casi dormido cuando una vocecita surgió de la oscuridad.
– ¿Cómo era, Conor? -preguntó Brendan, repitiendo la cuestión que llevaba preguntándole cada noche desde hacía unos meses.
– Cuéntanoslo otra vez -suplicó Dylan-. Háblanos de mamá…
Conor no estaba seguro de por qué de repente necesitaban saber cosas sobre ella. Tal vez sospechaban lo precaria que se había vuelto su vida y lo cerca que estaban de perderlo todo.
– Era muy buena y muy hermosa -dijo Conor-. Tenía el cabello oscuro, casi negro, como el nuestro. Y tenía unos ojos del color del mar, verdes, una mezcla de verde y azul.
– Me acuerdo del collar -murmuró Dylan-. Siempre llevaba un hermoso collar que relucía a la luz.
– Háblanos de su risa -dijo Brendan-.
Me gusta esa historia…
– Cuéntanos lo de la barra de pan, cuando se la diste al perro de la señora Smalley y mamá te pilló. Me gusta esa…
Conor empezó a narrar su historia, haciendo que sus hermanos se durmieran con imágenes de su madre, la hermosa Fiona Quinn. Sin embargo, al contrario de las historias de su padre, Conor no tenía que embellecerla. Cada palabra que decía era la pura verdad. Aunque Conor sabía que sentir amor por una mujer causaba problemas a cualquier Quinn, no creía en la advertencia de su padre. En un secreto rincón de su corazón, siempre amaría a su madre y sabía que aquello le haría fuerte.
