Estaba atrapado entre los tiburones humanos y los tiburones del mar, y maldita fuera si realmente había alguna diferencia entre lo que le sucedería si cualquiera de ellos le atrapaba, pero ambos trabajarían para lograrlo. No tenía intenciones de ponérselo fácil. Respiró profundamente y flotó mientras luchaba para quitarse los pantalones cortos, pero sus esfuerzos serpenteantes le hicieron hundirse, y tuvo que abrirse nuevamente paso hasta la superficie. Sujetó la prenda entre los dientes mientras pensaba en el mejor modo de usarla. Los pantalones vaqueros estaban viejos, delgados, casi harapientos; debería poder desgarrarlos. El problema era como mantenerse a flote mientras se los quitaba. Tendría que usar el brazo y pierna izquierdos, o nunca podría lograrlo.

No tenía otra opción; tenía que hacer lo que fuera necesario, a pesar del dolor.

Creyó que podía desmayarse nuevamente cuando comenzó a luchar contra el agua, pero si bien el momento pasó, el dolor no disminuyó. Torvamente usó los dientes en el borde de los pantalones cortos, tratando de desgarrar la tela. Alejó el dolor de su mente mientras sus dientes rasgaban los hilos, y rápidamente rompió la prenda hasta la pretina, dónde la tela reforzada y la costura doble detuvo su progreso. Empezó a desgarrar otra vez, hasta que tuvo cuatro tiras sueltas de tela hasta la pretina. Entonces empezó a morder a lo largo de la pretina. La primera tira se soltó, y la oprimió en su puño mientras liberaba la segunda tira.

Comenzó a rodar hasta su espalda y se mantuvo a flote, gimiendo a medida que su pierna herida se relajaba. Rápidamente unió con un nudo las dos tiras hasta obtener una lo bastante larga para enrollarla alrededor de su pierna. Después ató el torniquete improvisado alrededor de su muslo, asegurándose de que la tela cubría las heridas de entrada y salida de la bala. Lo apretó tanto como pudo sin cortarse la circulación, pero tenía que presionar las heridas si quería que dejaran de sangrar.



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