
Su hombro iba a ser más difícil. Mordió y tiró hasta que desgarró las otras dos tiras de la pretina, entonces las ató juntas. ¿Cómo podía ponerse ese vendaje improvisado? Aún no sabía si había una herida en su espalda, o si la bala aún se hallaba en su hombro. Lenta, torpemente, movió su mano derecha y tocó su espalda, pero sus dedos arrugados por el agua sólo podían encontrar piel lisa, lo cual significaba la bala estaba todavía en su hombro. La herida estaba en la parte superior de su hombro, y vendarla era casi imposible con los materiales que tenía.
Incluso atadas juntas, las dos tiras no bastaban. Empezó a morder otra vez, rasgó dos tiras más, después las ató a las otras dos. Lo mejor que podría hacer era lanzar la tira sobre su espalda, pasarla bajo su axila y atarla fuertemente sobre su hombro. Después dobló el resto de las tiras creando un trozo suave y lo puso bajo el lazo, situándolo sobre la herida. A lo sumo era un vendaje torpe, sólo su cabeza sobresalía del agua, y una mortífera inconsciencia se extendía por sus extremidades. Torvamente, Sabin rechazó a la fuerza ambas sensaciones, clavando fijamente los ojos en las estrellas en un esfuerzo por orientarse. No iba a rendirse. Podía flotar, y lograría nadar durante cortos periodos de tiempo. Podría llevar algún tiempo, pero a menos que un tiburón le atrapase, estaba lo malditamente bien como para llegar a la costa. Se puso boca arriba y descansó durante unos pocos minutos antes de que empezase el lento y atormentador proceso, de nadar hasta la playa.
Era una calida noche, incluso para ser mediados de julio y estar en la parte central de Florida. Rachel Jones mecánicamente había ajustado sus hábitos para el clima, tomándoselo con calma, ya fuera haciendo sus labores por la mañana temprano o postergándolas hasta el atardecer. Se había levantado al salir el sol, segado las malas hiervas que crecían en su pequeño huerto, alimentado a los gansos, lavado su coche. Cuando la temperatura aumentaba, entraba en la casa y ponía una lavadora, luego dedicaba unas pocas horas a investigar y preparar el curso de periodismo que se había comprometido a impartir en la escuela de enseñanza nocturna de Gainesville cuando comenzaba la caída de la noche.
