
A medida que el otro barco reducía y viraba en su dirección, el sonido del motor cambio. Sabin maldijo irritado, mirando alrededor en busca de los pantalones vaqueros desteñidos que solía tener en la cubierta para esas situaciones. Una voz flotó suavemente hasta él sobre el agua, y miró al otro barco nuevamente. Una mujer estaba de pie contra la barandilla, ondeando su brazo de acá para allá sobre su cabeza de manera que demostraba que no se trataba de una emergencia, de modo que él imagino que lo que buscaba era una conversación y que no tenía ningún problema. La luz del sol del atardecer arranco destellos a su cabello rojo, y por un momento Sabin clavó los ojos en ella, su atención atrapada por esa sombra inusual, encendida de rojo.
Frunció el ceño mientras se ponía los pantalones y cerraba la cremallera. El barco estaba todavía demasiado lejos para que él pudiera verla bien, pero ese pelo rojo que ella tenía exasperó alguna parte de su memoria, que trataba ahora de salir a la luz. Clavó los ojos en ella a medida que el otro barco se dirigía hacia él, sus ojos negros brillando intensamente. Había algo en ese cabello…
