El director miró hacia las cámaras con expresión sombría y habló en forma escueta y directa.

– No hubo postergación de la ejecución. Ralph Andrew Fraser fue ejecutado hace cuatro minutos y se lo declaró muerto a las 12:07.

– ¡No!

El grito de dolor y desolación sonó quebrado y lastimero como el gemido de un niño perdido.

Eve no se dio cuenta de que había brotado de su boca.

Quinn la sostuvo cuando se le doblaron las rodillas, perdió el conocimiento, y cayó hacia adelante.

CAPITULO 01

ATLANTA, ESTADO DE GEORGIA

3 DE JUNIO

OCHO AÑOS MÁS TARDE


– Tienes un aspecto terrible, es más de medianoche. ¿No duermes nunca?

Eve apartó la vista de la computadora y miró a Joe Quinn, que estaba apoyado contra el marco de la puerta del otro lado de la habitación.

– Claro que duermo. -Se quitó los lentes y se frotó los ojos. -Una noche que pase aquí no me convierte en adicta al trabajo. Es que tenía que verificar esas medidas antes de…

– Lo sé, lo sé. -Joe entró en la oficina del laboratorio y se dejó caer sobre la silla junto al escritorio. -Diane me dijo que hoy la dejaste plantada a la hora del almuerzo.

Eve asintió con aire culpable. Era la tercera vez en el mes que le cancelaba la cita a la esposa de Joe.

– Le expliqué que el Departamento de Policía de Chicago necesitaba el resultado. Los padres de Bobby Starnes estaban esperando.

– ¿Y? ¿Hubo coincidencia?

– Casi total. Ya estaba casi segura de que la habría antes de comenzar con la superposición. Al cráneo le faltaban unos dientes, pero ya había coincidencias en la verificación dental.

– ¿Entonces para qué te llamaron?

– Porque sus padres no querían creerlo. Yo soy su última esperanza.



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