Vio esfumarse la preocupación del rostro de Mary, una vez que estuvo segura de que había pasado el peligro de alterar la hora de la cena. Las tortas de papa fritas habían sido el plato favorito de Tess cuando tenía doce años. Ahora sólo comía carne una vez a la semana y jamás probaba una papa frita. No, cuando tenía toda una colección de trajes de noche talla siete que costaban más de mil dólares cada uno. Llevó la lata de duraznos a la mesa de la cocina y se sentó. En medio de la mesa había una maceta con una planta, sobre la más horrible carpeta de plástico que Tess hubiera visto nunca. Alguna vez fue blanca, pero ya estaba amarillenta y arrugada, como una vieja escama de pescado.

Mary se sirvió una taza de café y también se sentó. Miró la holgada camiseta blanca de Tess, que tenía cuatro rostros y un logotipo impresos.

– ¿Quiénes son "Los Southern Smoke"? -Preguntó.

Tess se miró el pecho.

– ¡Ah!, es el nombre de una banda. He estado saliendo con uno de los guitarristas. Con éste, ¿ves? -Tess extendió la camiseta y señaló un rostro barbado.

Mary entrecerró los ojos para ver mejor.

– ¿Cómo se llama?

– Burt Sheer.

– Burt Sheer, ¿eh? ¿Y cuánto hace que sales con él?

– Sólo un par de meses.

– ¿Y es algo serio?

– ¿En este negocio? -rió Tess-. Espero que no. Con todos los viajes de trabajo que tiene programados y los que hago yo cantando ciento cincuenta conciertos al año, lo he visto exactamente cuatro veces.

– ¡Oh!

Tess percibió cómo se desvanecía el brillo de esperanza de los ojos de su madre, quien nunca aceptaría el hecho de que la más joven de sus hijas hubiera escogido seguir una carrera en vez de casarse y tener hijos. Para Mary McPhail eso era equivalente a malgastar su vida.

– Mamá, me urge llamar a mi productor de discos. Solamente necesito un minuto.

Llamó desde el teléfono de pared que estaba a un lado de las alacenas, y pidió que la comunicaran con Jack Greaves en el estudio, donde sabía que él estaría trabajando.



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