
«Esto no es todo. En cualquier momento, Alvin, sólo una centésima parte de los ciudadanos de Diaspar viven y caminan por las calles. La inmensa mayoría dormitan en una vida latente en los bancos de memorias, esperando la señal de ser llamados al estadio de existencia, una vez más. De esta forma, poseemos la continuidad y con todo, el cambio… la inmortalidad; pero no el estancamiento.
«Sé lo que estás imaginando, Alvin. Quieres saber cuándo podrás recordar las memorias de tus otras vidas pasadas, como tus compañeros lo están haciendo.
«No hay tales recuerdos ni memorias, porque tú eres único. Hemos tratado de evitarte que lo supieras tanto tiempo como nos ha sido posible, para que ninguna sombra entorpeciera tu infancia feliz, aunque supongo que en cierta forma, has debido ir suponiéndolo a tu vez, como parte de esta verdad. Tampoco lo sospechábamos nosotros mismos, hasta hace cinco años; pero ahora ya no hay duda alguna.
«Tú, Alvin, eres algo que ha ocurrido en Diaspar sólo un puñado de veces desde que se fundó la ciudad. Quizá hayas permanecido durmiendo en los bancos de memorias a través de todas las edades… o tal vez fuiste creado hace sólo veinte años por alguna permutación debida al azar. Puedes muy bien haber sido diseñado y concebido en los principios por los constructores de Diaspar, o ser solamente un accidente sin propósito determinado de nuestro propio tiempo.
«Es algo que ignoramos. Todo lo que sabemos, es esto: tú, Alvin, solo en toda la raza humana, nunca has vivido antes. Expresado literalmente en una cierta verdad: tú eres el primer muchacho que de veras has nacido en la Tierra desde hace, por lo menos, mil millones de años».
CAPÍTULO III
