Cuando Jeserac y sus padres se desvanecieron de su vista, Alvin permaneció descansando durante largo rato, tratando de mantener su memoria vacía de todo pensamiento. Cerró su habitación por completo para que nadie pudiese interrumpir aquella especia de trance mental.

No estaba durmiendo, el sueño era algo que jamás había experimentado, puesto que era algo que pertenecía a un mundo que tuviese día y noche, pero en Diaspar sólo existía el día. Aquello era lo más cercano que podía existir a un hecho olvidado y aunque no era realmente esencial para él, sabía que de tal forma podía componer su estado mental.

Había aprendido poco, casi todas las cosas que Jeserac le había dicho ya lo había supuesto. Pero había una cosa que suponer e imaginar y que tal suposición fuese confirmada más allá de toda posibilidad de refutación.

¿De qué forma podría afectar su vida, si es que debía afectarle? Alvin no pudo estar seguro y la incertidumbre fue una nueva sensación para el joven. Tal vez aquello no tuviese ninguna importancia ni estableciese diferencia alguna en su vida si no encajaba por completo en la vida de Diaspar, podría hacerlo en la próxima… o en otra más lejana…

Aunque se había esforzado en conformar y encararse con tal pensamiento, su mente rehusaba aceptarlo. Diaspar podría ser suficiente para el resto de la Humanidad; pero no lo bastante para él. No dudaba de que podían emplearse un millar de vidas sin apurar el gozo de tanta maravilla y de experimentar todos sus cambios. Él podría hacer todo aquello; pero aun así, si no pudiese hacer algo más, jamás estaría contento.

Se planteaba un problema con que encararse. ¿Qué más había que hacer?

Aquella pregunta sin respuesta, le sacó de su estado de ensoñación. No podía permanecer allí estático, en semejantes circunstancias y estado de ánimo. En la ciudad existía sólo un lugar en donde poder hallar alguna paz para su mente excitada.

La pared se desvaneció en parte al salir hacia el corredor y las moléculas polarizadas de su estructura resistieron su paso como un débil viento soplándole en el rostro. Existían muchos medios de ser transportado sin esfuerzo a cualquier parte; pero prefirió caminar. Su habitación se hallaba casi al nivel principal de la ciudad y un corto pasaje le llevo a una rampa en espiral que a su vez conducía a la calle.



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