
La aventura había terminado. Pronto, como siempre ocurría, deberían hallarse en casa y toda la maravilla, el terror y la excitación quedaría tras ellos. Estaban cansados, pero contentos.
Alvin comprobó desde el filo en que se hallaba que él subterráneo conducía hacia las profundidades. Presumiblemente, Callistron sabía lo que estaba haciendo y aquélla era la forma de volver a casa. Con todo, era una lástima…
— Callistron — dijo súbitamente— ¿por qué no subir arriba? Nadie sabe qué es lo que guarda en sus entrañas la Montaña de Cristal. ¡Qué maravilloso sería poder salir al exterior en alguna parte de sus laderas, para ver el cielo y toda la tierra que la rodea! Hemos permanecido bajo tierra demasiado tiempo…
Aunque pronunciaba tales palabras, de alguna forma sabía en su subconsciente que eran equivocadas. Mystra emitió un grito ahogado, el interior del subterráneo vibró como una imagen vista a través del agua y detrás y más allá de las murallas metálicas que le rodeaban. Alvin pudo captar una vez más, una mirada de reojo y muy rápida de otro universo. Aquellos dos mundos parecían hallarse en conflicto, dominando primero uno y después el otro. Después, y con toda presteza, todo acabó. Se produjo una sensación restallante… y el sueño llegó a su fin. Alvin, se encontraba de nuevo en Diaspar, en su propio hogar, en su habitación privada y flotando a uno o dos pies del suelo, a causa del campo gravitatorio especial que le protegía del molesto contacto con la materia bruta.
