
De nuevo, era él mismo. Aquella, era la realidad… y sabía ya exactamente qué era lo que ocurriría a renglón seguido.
Mystra fue la primera en aparecer; Daba la impresión de hallarse más sobresaltada que molesta, ya que estaba realmente enamorada de Alvin.
— ¡Oh, Alvin! — se lamentó, mientras le miraba desde la pared en donde acababa de materializarse. ¡Ha sido una aventura tan excitante! ¿Por qué la echaste a perder?
Lo siento. No tuve intención de hacerlo… sólo pensé que sería una buena idea…
Sus palabras quedaron interrumpidas por la llegada simultánea de a Callistron y Floranus.
— Ahora escucha, Alvin — comenzó a decir Callistron —. Esta es la tercera vez que has interrumpido el curso de una leyenda. Ayer rompiste también la secuencia al desear saltar fuera del Valle del los Arco Iris. Y anteayer lo trastornaste todo, intentando volver al Origen en el rastro del tiempo que estábamos explorando. ¡Si no guardas las reglas del juego, tendrás que hacerlo tú solo!
Y desapareció llevándose a Floranus con él. Narilian no aparecería eh absoluto, con toda seguridad se hallaba trastornado para hacerlo, según su carácter. Sólo le quedaba la imagen de Mystra mirando tristemente hacia donde se hallaba Alvin.
Alvin inclinó el campo de gravedad, se puso en pie y caminó hacia la mesa que había materializado. Sobre ella apareció un enorme jarrón repleto de frutas exóticas, aunque no era precisamente el alimento que había imaginado, que en su confusión sus ideas se habían entremezclado. No queriendo revelar su equivocación, cogió uno de los frutos de aspecto menos peligroso y comenzó a mordisquearlo cuidadosamente.
