Sus padres, su tutor… a todos a quienes conocía, habían de protegerle contra la verdad, como en un ansia de preservar la inocencia de su larga infancia. Aquella situación pronto estaría acabada, dentro de pocos días se convertiría de pleno derecho en un ciudadano de Diaspar nada podría apartarle del esfuerzo que pudiera o quisiera hacer para cuanto deseara conocer.

¿Por qué por ejemplo, no encajaba en las Leyendas? De entre las mil formas de recreo existentes en la ciudad, las Leyendas eran de lo más popular. Cuando se entraba a vivir una Leyenda, no se era un simple observador pasivo, en los sencillos entretenimientos que Alvin había disfrutado años antes, más joven en el tiempo. Se era participante activo y se poseía — o parecía poseerse— una libre voluntad Los acontecimientos y escenas que constituían la materia prima de las aventuras de cualquier Leyenda, podían haber sido preparados de antemano por artistas ya olvidados; pero siempre conservaban bastante flexibilidad para permitir las más amplias variaciones en sus vivencias. Se podía ir y adentrarse en aquellos mundos fantasmales con los amigos, en busca de la excitación por lo nuevo y nunca visto, que no existía en la ciudad de Diaspar y mientras duraba aquel sueño, no había nada que lo diferenciase de la realidad. Aunque con certeza, ¿quién podía estar cierto de que la propia Diaspar en sí no era un sueño?

Nadie pudo agotar todas las leyendas que habían sido concebidas y registradas desde que comenzó la vida de la ciudad. Las Leyendas tocaban todos los temas imaginables y producían toda la gama de emociones de una infinita e interminable sutileza. Algunas, las más populares entre la gente joven, eran sólo dramas poco complicados de— aventuras y descubrimientos, Otras constituían puras exploraciones de estados psicológicos, mientras que otras eran en sí ejercicios en lógica y matemáticas, capaces de producir las delicias más exquisitas a mentes de tipo más sofisticado.



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