En realidad, supongo, no soy muy inteligente, para nada un filósofo; pero ahora me resulta interesante. Dorcas me dijo: “Cuando devolviste al ulano a la vida fue porque la Garra dobló el tiempo para él hasta el punto en que todavía vivía. Cuando curaste a medias las heridas de tu amigo, dobló el momento sobre otro en que estarían casi curadas”. ¿No te parece interesante? Un poco antes de que te pinchara la frente con la Garra tú hiciste un ruido extraño. Creo que puede haber sido el castañeteo de tu muerte.

Aguardé. El soldado no habló, pero cuando menos lo esperaba, sentí su mano en el hombro. Yo había estado hablando casi frívolamente; el gesto me hizo comprender la seriedad de lo que había dicho. Si era verdad —o incluso una aproximación insignificante a la verdad—, había jugado con poderes que no comprendía, así como el hijo de Casdoe, a quien había tratado de hacer hijo mío, no había comprendido el anillo gigante que le quitó la vida.

—No me asombra que estés aturdido. Tiene que ser terrible retroceder en el tiempo, y más terrible hacerlo pasando por la muerte. Iba a decir que sería como nacer de nuevo; pero creo que sería mucho peor, porque el niño ya vive en el vientre de la madre. — Titubeé.— Yo… es decir, Thecla… nunca di un hijo a luz.

Tal vez sólo porque había estado pensando en la confusión de él, descubrí que era yo quien estaba confundido, tanto que apenas sabía quién era. Al fin dije mansamente: — Debes perdonarme. Cuando estoy cansado, y a veces antes de quedarme dormido, casi llego a convertirme en otra persona. —Por alguna razón, cuando lo dije, su mano me apretó más el hombro.— Es una historia larga que no tiene nada que ver contigo. Quería decir que cuando en el Atrio del Tiempo se rompió el pedestal los cuadrantes solares quedaron ladeados, de modo que lo que señalaban los gnomons ya no era cierto, y he oído que en ese caso las guardias del día se detienen, o corren hacia atrás durante una parte de cada día.



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