
Cuando la veía, el Conde solía recordar aquella historia fracasada y convenientemente olvidada de los F-l, las reses del milagro pecuario-socialista cubano (uno de tantos milagros evaporados), el animal perfecto que se lograría a través del aparejamiento de ejemplares escogidos de la raza Holstein, holandesa y gran productora de leche pero sin abundancia de carne, y la Cebú, tropical, poco dada a la acumulación de leche en sus tetas, aunque excelente proveedora de bistecs. El F-l, por supuesto, tomaría lo mejor de la genética de sus procreadores y, por tan sencillo como genial método de suma y resta, se lograría que en una sola res hubiera leche y carne en abundancia. Como todo el proceso se presentaba tan simple y natural, en poco tiempo habría tantas reses bien dotadas en las vaquerías cubanas que la isla podía sufrir inundaciones lácteas (en 1970 la mantequilla y la leche se venderían sin necesidad de presentar la libreta de abastecimiento, aseguraban los grandes líderes en sus prometedores discursos, Conde lo recordaba perfectamente) y hasta surgiría el peligro de que cada cubano muriera atragantado con un filete, por no hablar ya de los peligrosos niveles de colesterol, calcio y ácido úrico a los cuales se arribaría… Pero la vida demostraría que las F-l necesitaban mucho más que soñadores de tribunas e inseminadores de largos guantes, y no hubo ni vacas F-l ni, por supuesto, leche, mantequilla, bistecs…, ni siquiera picadillo. No los hubo en 1970 y todavía seguían sin aparecer, por lo cual (efecto colateral) se había logrado mantener niveles aceptables de colesterol y más bien bajos de hemoglobina.
Pues Patricia Chion era un F-l de chino puro y negra retinta. La mezcla satisfactoria y a proporciones iguales de aquellos genes había dado al mundo una china mulata de un metro y setenta y cinco centímetros de estatura, pelo negrísimo que le bajaba de la cabeza en unos tirabuzones ingobernables pero suaves, dueña de unos ojos perversamente rasgados (casi asesinos), una boca pequeña de labios gruesos, repletos de pulpa comestible, y un color de piel de chocolate aclarado con leche, parejo, limpio, magnético.
