– Muy dura -convino-. Ya no llevo la cuenta de las veces que me han atacado.

– Mire, Travis, no es un tema del que tenga muchas ganas de hablar. Estoy citado con varias personas. Si quiere venir a verme otra vez, por mí perfecto, pero en todo caso llame antes. También vuelvo a invitarlo a que asista a nuestro oficio religioso este domingo.

Keith no estaba seguro de decirlo en serio, pero su tono era sincero.

Boyette sacó un papel doblado de un bolsillo de su cazadora.

– ¿Le suena el caso de Donté Drumm? -preguntó al tendérselo a Keith.

– No.

– Un chico negro de una pequeña ciudad del este de Texas, condenado por asesinato en 1999. Dijeron que había matado a una animadora de instituto, blanca. El cadáver no lo han encontrado nunca.

Keith desdobló el papel. Era una copia de un breve artículo del periódico de Topeka, con fecha del domingo anterior. Tras una rápida lectura, miró la foto policial de Donté Drumm. La noticia no tenía nada de especial: otra ejecución rutinaria en Texas, con otro acusado que proclamaba su inocencia.

– La ejecución está prevista para este jueves -dijo al levantar la vista.

– Voy a decirle una cosa, pastor: se equivocaron de hombre. Ese chico no tuvo nada que ver con el asesinato.

– ¿Y usted cómo lo sabe?

– No hay pruebas. Ni una sola. Los polis decidieron que lo había hecho él, lo hicieron confesar a golpes, y ahora lo van a matar. No está bien, pastor, nada bien.

– ¿Cómo sabe todo eso?

Boyette se inclinó un poco más, como si fuera a susurrarle algo que jamás había dicho. El pulso de Keith se aceleraba por segundos. Sin embargo, no dijo ni una palabra. Otra larga pausa, durante la cual se miraron fijamente.

– Aquí pone que no encontraron el cadáver -dijo Keith. «Hazle hablar», pensó.



10 из 429