El tic. Cuando su cabeza dejó de moverse, Boyette miró a todas partes y acabó fijando la vista en los ojos del pastor. Se observaron durante un buen rato, sin que ninguno de los dos parpadease.

– Pastor -dijo al final Boyette-, yo he hecho algunas cosas malas; he hecho daño a algunos inocentes, y no estoy seguro de querer llevármelo todo a la tumba.

«Ya estamos en el buen camino», pensó Keith. El peso del pecado sin confesar. La vergüenza de la culpa oculta.

– No estaría de más que me explicase todas esas cosas malas. El mejor punto de partida es la confesión.

– ¿Es confidencial?

– Sí, en general sí, aunque hay excepciones.

– ¿Qué excepciones?

– Si me confiesa algo, y yo estimo que se pone en peligro a usted mismo o a terceros, la confidencialidad ya no rige. Puedo tomar medidas razonables para protegerlo a usted o a la otra persona. Puedo pedir ayuda, por decirlo de otra manera.

– Parece complicado.

– No tanto.

– Mire, pastor, yo he hecho cosas horribles, pero esta ya hace muchos años que no me deja vivir. Necesito urgentemente hablar con alguien, y no tengo ningún otro sitio adónde ir. Si le cuento un crimen horrible que cometí hace años, ¿se lo diría a alguien?

Dana entró directamente en la web de la Dirección General de Prisiones del estado de Kansas, y en cuestión de segundos se zambulló en la mísera vida de Travis Dale Boyette. Condenado a diez años en 2001 por intento de agresión sexual. Estado actual: preso.

– Su estado actual es el despacho de mi marido -masculló, mientras seguía tecleando.

Condenado a doce años en 1991 por agresión sexual con circunstancias agravantes en Oklahoma. Libertad condicional en 1998.

Condenado a ocho años en 1987 por intento de agresión sexual en Missouri. Libertad condicional en 1990.

Condenado a veinte años en 1979 por agresión sexual con circunstancias agravantes en Arkansas. Libertad condicional en 1985.



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