—Estoy aquí, mi señor.

Luego escuchó, un anciano alto y enjuto, de cabellos blancos bajo el capuchón oscuro; y los discípulos que estaban en los pupitres del aula de la torre lo miraron y se miraron entre ellos.

—Iré —dijo Kurrenkarmerruk, y volvió a inclinar la cabeza sobre el libro, diciendo—: Así pues, el pétalo de la flor del molí tiene un nombre, que es iebera, y también el sépalo, que es partonath; y el tallo y la hoja y la raíz tienen nombre también…

Pero al pie del árbol, el Archimago Ged, que conocía todos los nombres del molí, llamó de regreso a su emisario; estiró las piernas más confortablemente, siempre con los ojos cerrados, y pronto se durmió a la luz del sol moteada por el follaje.

2. Los Maestros de Roke

La Escuela de Roke es el sitio adonde acuden, desde todas las Comarcas Interiores de Terramar, los jóvenes que muestran alguna aptitud para la hechicería, con el propósito de aprender las más altas artes de la magia. Allí se hacen expertos en las diversas especies de magia, aprendiendo los nombres y las runas, los artilugios y los sortilegios, y lo que se debe o no se debe hacer, y por qué. Allí, al cabo de una larga práctica, y si la mano y la mente y el espíritu marchan de consuno, pueden ser nombrados hechiceros y recibir la vara de poder. Sólo en Roke se hacen los verdaderos magos; y en las islas abundan magos y hechiceros y los recursos de la magia son para los isleños tan necesarios como el pan y tan deliciosos como la música, todos respetan y reverencian la Escuela de Hechicería de Roke. A los nueve magos que son los Maestros de Roke se los tiene por iguales de los grandes príncipes del Archipiélago. Y el gran maestre, el decano de Roke, el Archimago, no está obligado a rendir cuentas a nadie, excepto al Rey de Todas las Islas; y ello sólo por un acto de lealtad, un don del corazón, ya que ni siquiera un rey podría obligar a mago tan insigne a observar la ley común, si otra fuera la voluntad de éste.



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