Arren guardó silencio. —Eso es verdad, mi señor —dijo al cabo—. Pero… —El Archimago no replicó y él tuvo que terminar la frase—: Pero yo no soy Morred. No soy más que yo mismo.

—¿No te sientes orgulloso de tu linaje?

—Sí, me siento orgulloso… porque hace de mí un príncipe; significa una responsabilidad, una misión de la que hay que ser digno…

El Archimago asintió una vez, brevemente.

—Eso era lo que quería decir. Negar el pasado es negar el futuro. El hombre no construye su destino: lo acepta o lo niega. Si las raíces del serbal no son profundas, el árbol no tendrá corona. —Al oír esto, Arren alzó los ojos, sorprendido, porque su nombre verdadero, Lebannen, significaba serbal. Pero el Archimago no lo había nombrado—. Tus raíces son profundas —prosiguió—. Tienes fuerza, y necesitas espacio, espacio para crecer. Así pues, yo te ofrezco, en lugar de una travesía sin riesgos de regreso a Enlad, un viaje incierto hacia lo desconocido. No estás obligado a venir. La elección depende de ti. Pero yo te la ofrezco. Porque estoy cansado de vivir en sitios seguros, bajo techo, entre paredes. —Calló bruscamente, y miró alrededor con ojos penetrantes, ciegos.

Arren adivinó la profunda desazón de aquel hombre, y sintió terror. Pero el miedo afila el ánimo, y con el corazón sobresaltado respondió al punto: —Mi señor, elijo ir con vos.

Arren salió de la Casa Grande con el corazón y el espíritu embargados de asombro. Se decía que era feliz, pero la palabra no parecía ser la adecuada. Que era fuerte, le había dicho el Archimago, un hombre llamado a un gran destino, y esas alabanzas, se decía, lo enorgullecían. Pero él no sentía ningún orgullo. ¿Por qué no? El mago más poderoso del mundo le había dicho: «Mañana nos haremos a la mar, rumbo a las orillas del Destino», y él había asentido, e iría: ¿no tendría que sentir orgullo? Pero no era así. Sólo sentía extrañeza.

Bajó por las sinuosas y empinadas calles de Zuil-burgo, buscó en los muelles al capitán de su nave, y le dijo: —Parto mañana con el Archimago hacia Wathort y el Confín Austral. Di al Príncipe, mi padre, que cuando haya cumplido este servicio regresaré a Berila.



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