—Esto es una manualidad andradiana; ¿lo ve usted? —dijo Halcón—. No hay más que cuatro hilos de cadena en el ancho de un dedo. En Gont son seis, o más. Pero dígame por qué ha cambiado usted la magia por la venta de fruslerías. Cuando estuve aquí, hace años, la vi sacando llamas de las orejas de los hombres, y transformando las llamas en pájaros y en campanas de oro, y era un negocio mucho más agradable.

—No era ningún negocio —dijo la mujerona, y por un instante Arren advirtió que la mujer los miraba fijamente, a él y a Halcón, con ojos duros y acerados como ágatas, entre el centelleo y el revuelo de las plumas y los espejos refulgentes.

—Era bonito, eso de sacar fuego de las orejas —dijo Halcón en un tono de voz obstinado pero inocente—. Me hubiera gustado que lo viera mi sofrino.

—Bueno, escuchadme ahora—dijo la mujer con menos aspereza, apoyando los enormes brazos y los pesados pechos sobre el mostrador—. Ya no hacemos esos trucos. La gente no los quiere. Están hartos. Estos espejos, veo que os acordáis de mis espejos —y sacudió la cabeza haciendo que los puntos de luz coloreada se reflejaran y giraran en un torbellino—; sí, se puede confundir a un hombre con el centelleo de estos espejos, y con palabras y otros artificios que no voy a deciros, hasta que crea ver lo que no ve, lo que no existe. Como las llamas y las campanas de oro, o las vestiduras con que engalanaba a los marineros, brocados de oro con diamantes grandes como albaricoques, y allá iban ellos, pavoneándose como el Rey de Todas las Islas… Pero eran supercherías, tramoyas. Es fácil engañar a los hombres. Son como polluelos hechizados por una serpiente, por un dedo extendido. Los hombres son como polluelos. Pero a la larga se dan cuenta de que han sido engañados, engatusados, y se enfadan, y pierden el gusto por estas cosas. Es por eso que he cambiado de oficio, y es posible que no todas las sedas sean sedas ni todos los vellones gontescos, pero al menos existen… ¡existen! Son reales, y no mentiras, mentiras y aire, como las vestiduras de brocado de oro.



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