CAPÍTULO 01

Inglaterra 1495-1503.


El día en que se desposó con Hugh Cabot, Rosamund Bolton observó en silencio la partida de sus tíos. Entonces, se volvió a su nuevo esposo y dijo:

– ¿Se han ido para siempre, señor? Mi tío se comporta como si esta fuera su casa, pero es mía.

– De modo que lo entiendes, ¿eh? -respondió Hugh, divertido. Se preguntó qué más entendería. Pobre corderito. Seguro que su vida no había sido fácil.

– Soy la heredera de Friarsgate -respondió ella, con sencillez y orgullo-. Mi tío Edmund dice que soy un premio jugoso. Por eso mi tío Henry quiere manipularme. ¿Crees que volverá?

– Por ahora se fue. Estoy seguro de que regresará para ver cómo estás.

– Regresará para contemplar mis tierras y ver que prosperen -respondió Rosamund, con astucia.

Él le tomó la mano.

– Entremos, Rosamund. El viento es frío y anuncia que el invierno está por llegar, muchachita.

Entraron juntos en la casa y se instalaron en el pequeño vestíbulo, cerca del fuego. La niña se sentó frente a él y, muy seria, dijo:

– Así que ahora tú eres mi esposo. -Los piecitos, abrigados con pantuflas, no tocaban el suelo.

– Así es -dijo él. Los ojos azules le brillaban de la gracia que le hacía pensar adonde conduciría esta conversación.

– ¿Cuántas esposas tuviste antes que yo? -preguntó con curiosidad.

– Ninguna -respondió él, y una sonrisa se dibujó en sus rasgos angulosos.

– ¿Por qué? -quiso saber ella. Estiró una mano y acarició a un gran galgo que había venido a sentarse a su lado.

– No tenía medios para mantener a una esposa. Fui el hijo menor de mi padre, que murió antes de que yo naciera. Él también era el hijo menor y dependía de su familia para todo. Hace tiempo le hice un gran favor a mi prima, o creí hacérselo. Convencí a su hermano de que le cediera la pequeña propiedad de Otterly y, así, la convertí en una novia apetecible para tu tío Henry. Agnes era una muchacha fea, pero no tenía vocación para la iglesia. Necesitaba algo que la distinguiera de las otras muchachas casaderas de escasos recursos. Al convencer a Robert Lindsay de que una mujer con una propiedad tendría más posibilidades de recibir propuestas de matrimonio, convertí a Agnes en una candidata atractiva.



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