Gervase Tregarth, un nativo de Cornwall de rizado pelo castaño y unos agudos ojos color avellana, había, según tenía entendido Tristan, pasado la mayor parte de la última década en Britania y Normandía. Conocía a St. Austell del pasado, pero nunca se había encontrado con él en el campo de batalla.

Tony Blake era otro vástago de familia inglesa que también era medio francés. De pelo negro, y ojos negros, era el más elegante del grupo, sin embargo, existía una agudeza subyacente bajo su tranquila apariencia; era el operativo que Dalziel había usado más a menudo para interceptar e interferir en la red de espías franceses, una tarea horriblemente peligrosa que se centraba en los puertos del norte de Francia. Que Tony estuviese vivo era testimonio de su valor.

Jack Warnefleet era aparentemente un enigma; parecía tan abiertamente francés, inesperadamente atractivo con su pelo rubio y sus ojos color avellana, que era difícil imaginar que había tenido un completo éxito infiltrándose en todos los niveles de los envíos por barco franceses y en muchas de sus transacciones. Era más camaleónico incluso que el resto de ellos, con una simpatía alegre y campechana tras la que pocos podían ver.

Deverell fue el último hombre al que Tristan estrechó la mano, un caballero bien parecido con sonrisa fácil, el pelo marrón oscuro, y los ojos verdes. A pesar de ser extraordinariamente guapo, poseía la habilidad de mezclarse en cualquier grupo. Había servido casi exclusivamente en Paris y nunca había sido detectado.

Completadas las presentaciones, tomaron asiento. El salón estaba ahora cómodamente repleto; un fuego ardía alegremente en una esquina y bajo su oscilante luz se asentaron alrededor de la mesa, casi hombro con hombro.

Todos eran hombres corpulentos; todos habían sido en algún momento de sus vidas soldados de la guardia real en un regimiento u otro, hasta que Dalziel los encontró y los atrajo al servicio a través de su oficina.



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