
No es que hubiese tenido que esforzarse demasiado para convencerlos.
Saboreando su primer sorbo de cerveza, Tristan recorrió la mesa con la vista. Por fuera, eran todos diferentes, no obstante, definitivamente, bajo la piel todos eran hermanos. Cada uno de ellos era un caballero nacido de algún linaje aristocrático, todos poseían atributos, habilidades y talentos similares, aunque el balance de cada uno era diferente. Sin embargo, lo más importante era que todos eran capaces de jugar con el peligro, eran del tipo de hombres que aceptarían el reto de un combate a vida o muerte sin vacilar, con una confianza innata y una total y despreocupada arrogancia.
Había más que un poco de aventurero arriesgado en cada uno de ellos. Y eran leales hasta los huesos.
Deverell dejó su jarra sobre la mesa.
– ¿Es verdad que todos hemos dimitido? -Hubieron asentimientos e intercambios de miradas alrededor-. ¿Es de buena educación preguntar por qué? -Miró a Christian- En tu caso, ¿asumo que Allardyce se debe haber convertido ahora en Dearne?
Christian inclinó la cabeza irónicamente.
– Así es. Una vez muerto mi padre, y habiendo conseguido su título, cualquier otra elección desapareció. Si no hubiese sido por Waterloo, ya estaría preso en asuntos concernientes a las ovejas y el ganado, y sin duda con grilletes, por si fuera poco.
Su tono, ligeramente disgustado, trajo sonrisas de conmiseración a las caras de los otros.
– Eso suena demasiado familiar. -Charles St. Austell bajó la mirada a la mesa-. Nunca esperé heredar, pero mientras estuve fuera, mis hermanos mayores me fallaron -hizo una mueca-. Así que ahora soy el Conde de Lostwhitiel y, tal y como mis hermanas, mis cuñadas y mi querida madre me recuerdan constantemente, llego bastante tarde al altar.
Jack Warnefleet rió, no exactamente con gracia.
– Aunque sea totalmente inesperado, yo también me he unido al club. El título era esperado -era el del viejo- pero las casas y el dinero llegaron vía una tía abuela que ni sabía que existía, así que ahora, por lo que me han dicho, estoy en lo alto de la lista de deseables y puedo esperar ser perseguido hasta que me rinda y tome una esposa.
