De naturaleza apasionada e inconstante. Nosotros, aún en el último curso de la Universidad, empezamos un trabajo científico que prometía hacer una revolución en electromecánica. El trabajo lo dividimos e íbamos cada cual por su parte hacia un solo objetivo, como los trabajadores que abren brecha en un túnel, cada uno por su parte, para encontrarse en un punto. Habíamos llegado ya al objetivo. Todos los apuntes los llevaba Paley en su libreta de notas. Inesperadamente fue enviado en comisión de servicios a Sverlovsk. Se fue con tanta prisa que no me dejó la libreta. Siempre fue muy distraído. Yo le escribí a Sverlovsk, pero no recibí contestación. Desde entonces se perdió para mí, como una gota de agua en el mar. En Sverlovsk supe que había sido trasladado a Vladivostok pero allí se perdió su pista. Probé a continuar el trabajo sola. Pero me faltaban una serie de fórmulas y cálculos que había hecho Paley. Algún día le contaré más detenidamente sobre este trabajo. Este se convirtió para mí en idea persecutoria, en una pesadilla. Me estorbaba para dedicarme a otros trabajos. Dejar a medio camino un problema de tantas perspectivas, aún ahora no puedo comprender esta inconstancia de Paley. Ahora usted comprenderá por qué las noticias sobre él me agitaron tanto. Y esto es todo… Usted verdaderamente tiene muy mala cara. Márchese y duerma.

— ¿Y usted?

— Yo también intentaré descansar un poco.

Pero Tonia no podía descansar. Se dirigió a la sección de cuadros de la dirección general de Ketz y allí supo que se podía llegar a la estrella Ketz firmando contrato para trabajar allí. Se necesitaban físicos y biólogos. Y Tonia, sin pensarlo mucho, contrató a los dos para un año.

Entró alegre en mi habitación y, animada, empezó a relatarme sus aventuras. Luego sacó de su cartera de piel lila los impresos, su pluma estilográfica y me los tendió.

— Aquí tiene su solicitud. Fírmela.

— Sí, pero…, el plazo de un año…



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