
— No se preocupe. Ya me he informado que la dirección no se atiende muy rigurosamente a las condiciones del contrato. La situación poco común, las condiciones climatológicas y demás, se tienen en consideración. Y si alguien no soporta bien aquello…
— ¿El clima? ¿Qué clima hay allí?
— Yo me refiero a los locales habitables de Ketz. Allí se puede organizar cualquier clima, con la temperatura y humedad del aire necesarios.
— ¿O sea, que allí hay una atmósfera tan enrarecida como aquí, en las alturas del Pamir?
— Sí, aproximadamente igual — me contestó Tonia Sin gran seguridad, y añadió rápidamente—: O un poco menos. En esto, seguramente, está el principal obstáculo para usted. Los candidatos a ir a la Estrella tienen que pasar un duro examen físico. Los que sufren del mal de las alturas son desechados.
Yo, en realidad, me alegré mucho al saber que aún tenía un camino honroso de retirada. Sin embargo, Tonia me consoló en seguida:
— ¡Pero de alguna manera arreglaremos eso! Yo he oído que allí hay habitaciones con la presión atmosférica normal. Luego la presión disminuye gradualmente y los forasteros se acostumbran pronto. Hablaré con el doctor de su caso.
Yo me puse fuera de mí y, con desesperación, me agarré a mi último argumento:
— ¿Y qué va a pasar con mi trabajo en la Tierra?
Tonia tenía ya la contestación preparada:
— ¡No hay nada más fácil! Ketz es una institución con mucha autoridad y será suficiente comunicar al lugar de trabajo que usted ha sido contratado, para que, inmediatamente, le dejen libre. Sin tan sólo su salud aguantara… ¿Cómo se encuentra? — Y tomó mi mano para controlar el pulso.
— ¡Bueno, cuando un doctor así te toca la mano, sin querer respondes: «Perfectamente»!
— Mucho mejor. Pronto, firme los papeles y me iré a ver al doctor.
Así, sin tener tiempo de pensarlo, me encontré enrolado para vivir en el cielo…
