– Tú te encargas de los inquilinos de la primera planta y de la segunda; Fazio, de los de la quinta y la planta baja, y yo me ocupo de los de la tercera y la cuarta.

Tercera planta, puerta 12. La cincuentona señora Concetta Burgio, viuda de Lo Mascolo, se lanzó a un monólogo de mucho efecto.

– ¡No me hable de ese Nenè Sanfilippo, señor comisario! ¡No me hable! ¡Lo han matado, pobrecillo, y en paz descanse! ¡Pero es que hacía que me condenara, vaya si lo hacía! De día no paraba nunca en casa. Pero de noche… sí. ¡Y entonces, se lo juro por mis muertos, empezaba el infierno! ¡Una noche sí y otra no! ¡El infierno! Mire, señor comisario, mi dormitorio está pared con pared con el de Sanfilippo. ¡Las paredes de esta casa son de papel de seda! ¡Se oye todo, pero lo que se dice todo! ¡Y entonces, después de haber puesto una música que me perforaba los oídos, la apagaba y empezaba otra música! ¡Una sinfonía, oiga! ¡Tacatá, tacatá, tacatá! ¡La cama que golpeaba la pared y era como una batería! ¡Y la puta de turno venga a gritar, ah, ah, ah! ¡Y otra vez tacatá, tacatá, tacatá! Y entonces a mí se me ocurrían malos pensamientos. Rezaba un misterio del rosario. Dos misterios. Tres misterios. ¡Nada! Los pensamientos no se iban. ¡Yo soy muy joven todavía, señor comisario! ¡Hacía que me condenara! No, señor, de los señores Griffo no sé nada. No daban confianzas. Y, si tú no me la das, ¿por qué te la tengo que dar yo a ti? ¿Está claro?

Tercera planta, puerta 14. Familia Crucillà. Marido: Stefano Crucillà, jubilado, ex contable de una pescadería. Esposa: Antonietta De Carlo. Hijo mayor: Calogero, ingeniero de minas, trabaja en Bolivia. Hija menor: Samanta sin hache entre la te y la a, profesora de Matemáticas, soltera, vive con sus padres. Habló Samanta en nombre de todos.



20 из 208