Odio tener que quedarme sentado en el cuarto de baño tanto tiempo. Debido a mi desgraciada incapacidad me veo obligado a hacerlo a menudo, como si fuera una maldita mujer, pero lo odio. A veces, en el pub Cauldhame Arms lo hago de pie en el urinario, pero la mayor parte acaba empapándome las manos o las piernas.

Hice un último esfuerzo. Plop splash. Unas gotas de agua me salpicaron en el culo, y entonces fue cuando sonó el teléfono.

—Mierda —exclamé, y me dio la risa por la coincidencia de lo que acababa de decir. Me limpié el culo rápidamente, me subí los pantalones, tiré de la cadena y salí a trompicones al pasillo mientras iba cerrándome la cremallera. Subí corriendo hasta el primer rellano de las escaleras, donde está el único teléfono de la casa. Siempre estoy detrás de mi padre para que ponga más teléfonos, pero él dice que no nos llaman tanto como para justificar más extensiones. Llegué al teléfono antes de que colgaran. Mi padre no apareció.

—¿Diga? —respondí. Era desde una cabina.

—¡Aggrrhh! —se oyó por el auricular, como si alguien se aclarara la garganta. Me separé el teléfono de la oreja y me quedé mirándolo con el ceño fruncido. Ruidos lejanos continuaban saliendo del auricular. Cuando acabaron volví a ponerme el auricular en el oído.

—Aquí Porteneil 531 —dije con sequedad.

—¡Frank, Frank! Soy yo. ¡Yo! ¡Oiga! ¡Oiga!

—¿Hay un eco en esta línea o es que estás repitiendo todo dos veces? —dije yo. Podía reconocer la voz de Eric.

—¡Las dos cosas! Ja, ja, ja, ja!

—Hola, Eric. ¿Dónde estás?



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