
– Pues sí, está furioso porque es la única persona del mundo que no ha recibido tu informe sobre el resultado de la autopsia de Luparello. Se ha sentido menospreciado, y me ha dado a entender que tiene intención de excomulgarte. Estás jodido.
– Montalbano, estás como una chota.
– ¿Me aclaras una cosa?
– Faltaría más.
– ¿Tú le lames el culo a la gente por ambición o por naturaleza?
La sinceridad de la respuesta del otro lo dejó asombrado.
– Por naturaleza, creo.
– Oye, ¿habéis terminado ya de examinar la ropa que vestía el ingeniero? ¿Habéis encontrado algo?
– Hemos encontrado lo que era en cierto modo previsible. Restos de esperma en los calzoncillos y en los pantalones.
– ¿Y en el coche?
– Aún lo estamos examinando.
– Gracias. Tenedme al corriente.
– ¿Comisario? Le llamo desde una cabina de la carretera provincial, cerca de la vieja fábrica. He hecho lo que usted me había pedido.
– Dime, Fazio.
– Tenía usted toda la razón. El BMW de Luparello venía de Montelusa y no de Vigàta.
– ¿Estás seguro?
– Por la parte de Vigàta, la playa está cortada por unos bloques de cemento. No se puede pasar; para hacerlo, habría tenido que volar.
– ¿Has descubierto el recorrido que pudo hacer?
– Sí, pero es una locura.
– Explícate mejor. ¿Por qué?
– Porque, a pesar de que desde Montelusa a Vigàta hay decenas y decenas de calles y callejuelas que uno puede escoger para no llamar la atención, en determinado punto, para poder llegar al aprisco, el coche del ingeniero no tuvo más remedio que recorrer el cauce seco del Canneto.
– ¿El Canneto? ¡Pero si por allí no se puede pasar!
– Pues yo lo he hecho y, por consiguiente, cualquiera puede haberlo hecho. Está completamente seco. Lo malo es que me he cargado la suspensión del coche. Y, como usted no ha querido que utilizara el vehículo de servicio, tendré que…
