– Al terminar, la mujer abrió la portezuela, bajó, se alisó la falda y cerró la puerta del coche. El hombre, en lugar de ponerlo en marcha y largarse, se quedó donde estaba, con la cabeza echada hacia atrás. La mujer pasó casi rozando el coche de Carmen y, justo en aquel momento, los faros de otro automóvil la iluminaron de lleno. Era una mujer muy guapa, rubia, elegante. Llevaba en la mano izquierda un bolso bandolera. Se dirigió hacia la vieja fábrica.

– ¿Algo más?

– Sí. Manuele, que estaba haciendo una ronda de control, la vio salir del aprisco y encaminarse hacia la carretera provincial. Al ver, por su forma de vestir, que no era del aprisco, dio la vuelta para seguirla, pero un automóvil la recogió.

– Espera un momento, Gegè. ¿Manuele la vio de pie con el pulgar levantado, esperando que alguien la recogiera?

– Pero, Salvù, ¿cómo lo haces? Eres un auténtico lince.

– ¿Por qué?

– Porque es justo este detalle lo que mosqueó a Manuele. Es decir, que él no vio que la mujer hiciera ninguna señal y, sin embargo, un coche se paró. Manuele tuvo la sensación de que el coche, que circulaba a toda velocidad, tenía incluso la puerta abierta cuando frenó para que ella subiera. A Manuele ni se le pasó por la cabeza anotar el número de la matrícula, no había ningún motivo.

– Ya. Y del hombre del BMW, de Luparello, ¿me puedes decir algo?

– Poco. Llevaba gafas y una chaqueta que no se quitó en ningún momento, a pesar del polvo que estaba echando y del calor que hacía. Pero hay un detalle en la versión de Milly que no coincide con la de Carmen. Milly dice que, cuando llegó el vehículo, le pareció que el hombre llevaba una corbata o un pañuelo negro alrededor del cuello, y Carmen dice que, cuando ella lo vio, el hombre llevaba la camisa desabrochada y nada más. De todos modos, me parece un detalle sin importancia porque el ingeniero se pudo quitar la corbata mientras follaba. Quizá le molestaba.



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