
– No -dijo de repente Anna, dejando el café.
– No, ¿qué?
– No quiero volver a casa. ¿Tanto te molesta que esta noche me quede aquí, contigo?
– Pues sí, me molesta.
– Pero ¿por qué?
– Soy demasiado amigo de tu padre. Tendría la sensación de que lo estoy traicionando.
– ¡Menuda chorrada!
– Será una chorrada, pero es así. Y, además, olvidas que estoy enamorado, y muy en serio, de otra mujer.
– Que no está.
– No está, pero es como si estuviera. No seas boba y no digas tonterías. Has tenido mala suerte, Anna, has tropezado con un hombre honrado. Lo siento. Perdóname.
* * *
No conseguía conciliar el sueño. Anna había acertado al advertirle de que el café lo desvelaría. Pero había otra cosa que lo ponía nervioso: si aquel collar se había perdido en el aprisco, lo más probable era que Gegè hubiera sido informado. Pero Gegè se había guardado mucho de decírselo, y seguro que no lo había hecho porque lo considerara un dato insignificante.
Seis
A las cinco y media de la mañana, tras haberse pasado toda la noche levantándose y volviéndose a acostar, Montalbano decidió forjar un plan para hacerle pagar a Gegè su silencio sobre el collar extraviado y el cachondeo acerca de su visita al aprisco. Se dio una larga ducha, se bebió tres cafés seguidos y se dirigió en su automóvil al Rabàto, el barrio más antiguo de Montelusa, que había quedado destruido treinta años atrás a causa de un desprendimiento de tierras. Entre sus ruinas, en destartaladas casuchas medio derruidas, vivían inmigrantes clandestinos, tunecinos y marroquíes. Montalbano se dirigió a través de estrechos y tortuosos callejones a la plaza Santa Croce, donde una iglesia se elevaba intacta entre las ruinas. Sacó del bolsillo la hoja de papel que le había entregado Gegè: Carmen, tunecina cuyo verdadero nombre era Fatma ben Gallud, vivía en el número 48. Se trataba de una miserable habitación situada en la planta baja. En la puerta había un ventanuco abierto para que circulara el aire. Llamó y no contestó nadie. Volvió a llamar más fuerte y esta vez una adormilada voz preguntó:
