
– Tendrías que examinarlo, fotografiarlo, hacerle, en suma, los trabajitos que sueles hacer. Entrégame los resultados cuanto antes.
Sonó el teléfono. Jacomuzzi contestó y le pasó el aparato a su colega.
– ¿Sí?
– Soy Fazio, dottore, vuelva enseguida al pueblo. Se ha armado un jaleo que no vea.
– Dime qué ocurre.
– El maestro Contino se ha puesto a disparar contra la gente.
– ¿Cómo que a disparar?
– A disparar, tal como suena. Ha hecho un par de disparos desde la terraza de su casa contra los que estaban sentados en el bar de abajo, y vociferaba algo que nadie ha entendido. A mí me ha disparado también cuando entraba en el portal de su casa para ver qué ocurría.
– ¿Ha matado a alguien?
– No. Sólo ha rozado el brazo de un tal De Francesco.
– Muy bien, voy enseguida.
Mientras recorría a mil por hora los diez kilómetros que lo separaban de Vigàta, Montalbano pensó en el maestro Contino, a quien conocía muy bien y con quien compartía un secreto. Dos o tres veces por semana, el comisario se permitía el lujo de dar un largo paseo por el muelle de levante hasta el faro. Pero, antes, solía pasarse por la tienda de Anselmo Greco, un cuchitril que desentonaba en aquella calle llena de tiendas de ropa y bares de relucientes espejos. Greco, aparte de insólitos objetos -como figuras de terracota y oxidadas pesas de balanzas ochocentistas-, vendía garbanzos, frutos secos tostados y pepitas de calabaza saladas. Montalbano le pedía un cucurucho y se iba. Seis meses atrás, durante uno de estos paseos, llegó hasta la punta, justo a los pies del faro. Cuando ya se disponía a dar media vuelta para regresar, vio abajo, sentado en un bloque de cemento del rompeolas, a un hombre de cierta edad que permanecía inmóvil, con la cabeza gacha, sin preocuparse por las salpicaduras del embravecido mar que lo estaban dejando empapado. Miró mejor para comprobar que el hombre sostenía un sedal entre sus manos, pero no, no estaba pescando, no hacía nada. De pronto, el hombre se levantó, se santiguó rápidamente y se balanceó sobre las puntas de los pies.
