
No le dejaré en paz. No se me escapará… Varias veces, en las cuatro horas que lleva de viaje, ha trasgredido todos los límites de velocidad. Unos días instalados ya en el Asubio Juan Campos. Fernando se propone desestabilizarle en el Asubio, por lo menos un fin de semana. ¿Qué menos que un desagradable fin de semana en pago a veintitantos años de desamor paternal? Fernando Campos vibra con su automóvil en la alta velocidad de sus pensamientos envenenados. La adolescencia se le vino encima unos trece años atrás, coincidió con el despegar Matilda y el encerrarse Juan Campos en su despacho a leer y oír música de cámara de Brahms, conciertos para clarinete. Se sentaba a cenar con los hijos y parecía dormido. Matilda telefoneaba desde Zurich, desde Nueva York, desde Londres. ¿Se amaron mis padres?, ¿amaba yo a mi madre?, ¿la odiaba? Este Fernandito acelerado de ahora es incapaz de decidir ahora qué es qué. Ahora ni siquiera lo pretende, pero entonces, en la adolescencia, requería un detenimiento: necesitaba que me dieran tiempo. ¿Quién se ocupó de mí? Antonio Vega se ocupó de Fernandito y de Andrea y de Jacobo. Lo más sencillo es dejarse arrebatar ahora por el deseo de incordiar a su padre un fin de semana al menos. A diferencia del hijo pródigo rilkeano -que no quiso ser amado-, Fernando Campos quiso ser amado, y no fue amado. Pero tampoco fue desdeñado o maltratado. Sencillamente no fue amado. Y ni siquiera se dio cuenta de que no lo fue cuando no lo estaba siendo. Se ha dado cuenta después, como quien siente un malestar indefinido en la boca del estómago y recuerda que tomó boquerones en vinagre, pasados de vinagre, la noche anterior. Las conexiones causales de los movimientos del alma se fijan siempre a posteriori, por eso se falsean casi siempre. Recuerda ahora en plena autopista el texto de un heterónimo de Pessoa, Alberto Caerio: El campo, a fin de cuentas, no es tan verde / para los que son amados como para los que no lo son: sentir es distraerse. Acelera indebidamente de nuevo volteando el texto desasosegante.