
¿Qué quiso decir Pessoa? Fernando Pessoa quiso decir que el hijo de Juan Campos, este Fernando Campos del Porsche negro, está en condiciones de disfrutar más el verde de los campos y los paisajes y la belleza en general, justo por no haber sido amado, por haber sido desamado. A cambio, como en premio, una intensificación de la sensibilidad poética y erótica. ¡Valiente bonificación de mierda! Llevar a cabo un proyecto como el de Fernandito Campos -el proyecto de minimartirizar a su padre en su retiro, impedirle retirarse confortablemente, siquiera durante este fin de semana- requiere una intensidad pueril. Sorprende casi más este aspecto pueril que la grave voluntad de vengarse que el proyecto también contiene. ¿Qué piensa hacer Fernandito? ¿Cómo piensa perturbar a su padre? ¿Es Juan Campos perturbable? Su hijo menor le recuerda ensimismado. Tan ensimismado cuando estaba solo (o en compañía de sus otros hijos o acompañado sólo de Fernandito, que le contemplaba con sus ojos dulces aún, de perro) que la viva atención que dedicaba a su mujer cuando estaban todos en familia, le pareció a Fernando Campos siempre sospechosa. Toda buena acción le parece a Fernando Campos ahora aquejada de una corriente subterránea de doblez. En el caso particular de su padre, la doblez le parece tanto más evidente cuanto menos capaz es de especificarla con precisión: por eso viaja al Asubio esta tarde lluviosa de octubre arriesgando la vida propia y ajena en su Porsche negro a ciento sesenta kilómetros por hora: para desdoblar la doblez, desplegar la plegada doblez, desenmascarar al padre enmascarado, al matrimonio enmascarado. Y no hay mejor manera de desenmascarar a alguien que poner a prueba sus nervios. Los desquiciados saltan solos, explotan revelándolo todo. Él mismo, el propio Fernando, perdida la ingenuidad muchos años atrás, en la adolescencia, ha perdido los nervios muchas veces. Fue considerado por su padre, y en parte también por su madre, un niño nervioso, el más inquieto de los tres hermanos.