– Bueno, ¿y qué? Tú misma has dicho que la mandioca le va mejor al asado de cerdo. Y como mamae prefiere mantenerse al margen de los preparativos, pues decido yo. Habrá mandioca.

Luiza no pudo evitar una sonrisa. La niña había salido a su padre, al menos en el temperamento y el carácter. En su aspecto físico se semejaba más a su madre, con su esbelta figura, su fina piel blanca y el cabello negro rizado. Pero, a diferencia de dona Alma, Vitória tenía los ojos azules. Enmarcados en unas largas pestañas negras, los ojos de Vitória brillaban con un color que recordaba al del cielo en una clara mañana de junio, limpio de nubes y niebla. Era toda una belleza, su sinhazinha, con aquellos increíbles ojos claros cuyo único defecto era el reflejo de más inteligencia de lo que podría considerarse apropiado para una joven.

– ¿Por qué me miras tan fijamente?

Luiza desvió la mirada y pareció concentrarse de nuevo en la masa.

– Bueno, ya veo que hoy tienes uno de tus días silenciosos. Por favor, excelencia, guárdese sus inexpresables pensamientos para sí. -Vitória se dirigió hacia la puerta. Al llegar a ella, se giró hacia Luiza-. Si quieres algo, estaré en el cuarto de la ropa.

Lo siguiente que tenía que hacer Vitória era supervisar la ropa de cama y las mantelerías. Todo se lavaba y almidonaba regularmente, pero a causa del calor tropical y la elevada humedad ambiental a veces se formaban manchas de moho tan deprisa que la ropa no siempre estaba tan limpia y fresca como cabría esperar en una casa como la suya. Era bastante probable que los amigos de su hermano pasaran la noche en Boavista, pues el hotel más próximo se encontraba en Vassouras, y no se podía obligar a un invitado a cabalgar durante dos horas de noche, por no hablar de un viaje en carruaje.

Tras las lluvias los caminos estaban llenos de barro y no resultaba fácil transitar por ellos, a lo que había que sumar numerosos peligros como las arañas venenosas o salteadores sin ley. Además, la hospitalidad exigía ofrecer a los caballeros una habitación para pasar la noche. Y en la casa había sitio suficiente.



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