– No puede ser.

– ¡Sé muy bien la edad que tenía!

– Pues parecía que sólo tenías trece.

– Tardé un poco en crecer -le informó ella con mirada glacial-. Era muy delgada y un poco bajita, pero he cambiado. Ahora tengo veintiún años y mido un metro sesenta. No es mucho, ya lo sé, pero no he crecido más.

– ¿Y yo qué culpa tengo? -preguntó él, tontamente.

– Ni siquiera te acordabas de mi cara.

– ¿Cómo iba a recordar tu cara si ni siquiera la veía entonces? Te la tapaba el pelo. Hablar contigo era como intentar establecer comunicación con una fregona. Y eso era en los días buenos.

– No te inventes excusas.

– No me estoy inventando nada -dijo Nick, intentando ser paciente-. Sólo estoy intentando explicar que estás equivocada.

– Vaya, en eso no has cambiado. Siempre intentando llevar la razón. No sé cómo mi hermana te aguantaba.

– No cambies de tema.

– No sé cuál es el tema. Lo único que sé es que sigues siendo insoportable.

– No me gusta que me tiendan trampas…

– Yo no te he tendido ninguna trampa.

– ¿No? Entonces, ¿no es una trampa llegar en coche cuando yo te esperaba en el tren?

– Eso ha sido accidental. Quería llegar aquí antes que el tren, pero Freddy se perdió. Creí que me habías reconocido.

– Y cuando te diste cuenta de que no era así, no dijiste nada para pillarme.

– ¡Pues sí! Estaba oyendo cosas interesantísimas sobre mí misma.

– Y supongo que darme un nombre falso, tampoco es tenderme una trampa… Jennifer.

– No es un nombre falso. Tengo varios nombres y Jennifer es uno de ellos.

– ¿Y cómo iba yo a saber que tenías varios nombres?

– Porque ya te lo había dicho una vez. Mary, Jennifer y Alice son los tres nombres de familia que llevamos mi hermana y yo. Te lo conté un día que fuiste a buscarla, mientras ella terminaba de vestirse. ¿Y sabes cual fue tu respuesta? «Ah». Esa era tu respuesta a todo lo que yo decía.



13 из 123