– ¿Quieres terminar de cenar, por favor?

– Era una broma. No te habrá molestado, ¿verdad?

– Pues sí -contestó él. Katie seguía comiendo su lasaña con un apetito sorprendente-. Veo que tienes buen apetito -observó-. ¿No me digas que tú no miras las calorías?

– Nunca me preocupo por mi peso -contestó ella, indiferente-. Como lo que quiero y no engordo… ¿no pensarás que estoy gorda? -preguntó, alarmada de repente, pasándose las manos por las caderas.

– No estás gorda -contestó él, incapaz de apartar los ojos de la figura femenina.

– ¿Estás seguro? Mírame bien.

– Te estoy mirando bien.

Era curioso lo diferente que era de Isobel. Las dos hermanas eran de piel clara, pero la piel de Isobel era como la leche, mientras que la de Katie era más bien como de melocotón. Isobel parecía pintada en tonos pastel, mientras Katie brillaba con colores vivos y radiantes. Su corta estatura no le restaba atractivo, más bien al contrario.

Satisfecha de su figura, Katie seguía comiendo.

– Isobel me ha dicho que te has convertido en un banquero.

– Bueno, no exactamente. Trabajo para una firma bancaria como asesor financiero y me va muy bien.

– ¿Por qué tienes que ser siempre tan prosaico? ¿Dónde está la emoción?

– ¿Qué emoción?

– La emoción de conducir la máquina del progreso -dijo ella teatralmente-. De mover las ruedas del dinero. Isobel me había dicho que eras un tipo importante.

– ¿Ah, sí? -preguntó él, intentando que su expresión no mostrara lo complacido que se sentía por el comentario.

– Y que tenías un apartamento de lujo con vistas al río. Estoy deseando verlo.

– Iremos a casa en cuanto termines de cenar. Patsy está deseando conocerte.

– ¿Patsy? -preguntó ella, con una voz un poco hueca.

– Es mi secretaria. Te gustará, es una persona muy cariñosa.

– Qué bien -dijo Katie, sin mirarlo.



18 из 123