Jackson se rió.

– O podríamos quedar en un término medio. Atracción mutua y un interés creciente.

– De acuerdo. Aunque me gusta mucho la idea de que estuvieras desesperado.

Katie no tenía ni idea de lo poco que haría falta para ponerlo en ese estado, pensó él, y de nuevo tuvo ganas de tocar su piel para ver si todo su cuerpo era tan suave como sus manos.

Echaron a andar hacia los ascensores. Pero, antes de que llegaran, una mujer atractiva, de más de cincuenta años, se acercó a ellos a toda prisa. Jackson reconoció a la mejor amiga de su madre.

– Hola, Janis -dijo-. Me alegro mucho de verte.

– Howie -dijo ella, distraída.

Jackson intentó no hacer una mueca al oír aquel nombre. Su madre se negaba a llamarlo de cualquier otro modo, así que era lógico que Janis ignorara que ya no respondía a aquel patético nombre.

– Tenemos una crisis -le dijo Janis a su hija.

– ¿Sólo una? Estaba segura de que habría más.

– No tientes al destino. Todavía es pronto -Janis exhaló un suspiro-. Se trata del pastel. O, más bien, de la pastelera. Por lo visto los adornos se hacen antes, luego se hace la tarta y después se junta todo y queda precioso. No estoy muy segura de los detalles.

– Está bien, ¿cuál es el problema?

– Que la pastelera ha tenido un accidente de coche. Se ha roto un brazo y no estará recuperada hasta dentro de dos meses. No quisiera parecer cruel, pero ¿tenía que pasar precisamente hoy? La tarta iba en el coche. Así que tenemos los adornos, que llegaron ayer, pero no tenemos tarta -Janis agarró el brazo de su hija-. Yo no puedo ocuparme de esto. Tu hermana está histérica, tu padre se está escondiendo porque me ve cara de pánico. Están llegando tus parientes y la tía Tully ya ha intentado ligar con el botones. Tienes que ayudarme.

– ¿Por qué dices «mis parientes»? -preguntó Katie-. ¿«Mi hermana»? ¿«Mi padre»? También son tu familia.



13 из 67