
No rehúses. No rehúses, muchacho. Llévala a salvo al otro lado. Darling titubeó, se levantó en el aire y salvó el obstáculo.
– ¡Impresionante! -Grace bajó de lavalla de un salto, mientras Frankie gritaba regocijada y se dirigía hacia ella al galope-. Te dije que podrías hacerlo. -Cuando Frankie se bajó de la silla, Grace la cogió en brazos y la hizo trazar un círculo en el aire-. Eres increíble.
– Sí, bueno. -Su cara se iluminó con una sonrisa-. Quizá no seas la única susurradora de caballos de la familia. -Miró a Charlie por encima de Grace-. Ha estado guay, ¿eh?
Él asintió con la cabeza.
– Y yo que pensaba que tanto tocar el piano te estaba estropeando para cualquier trabajo decente. -Una sonrisa maliciosa le iluminó el rostro curtido por el sol-. Puede incluso que intente buscarte un trabajo para el verano limpiando los establos de la granja de Baker.
– Ya tengo bastante con lo que he de limpiar aquí. -Frankie cogió las riendas de Darling y empezó a conducirlo hacia la verja-. Y tú me perdonas mis prácticas de piano. Pero no creo que el señor Baker lo hiciera; le gusta la música country.
– Después de que te hayas ocupado de Darling, dúchate y cámbiate de ropa -dijo Grace-. Tenemos que estar en clase de judo dentro de una hora.
– Está bien. -Frankie se quitó el casco y se alborotó el rizado pelo con la mano-. Robert prometió llevarnos a comer pizza después, Charlie. Vendrás, ¿no?
– No me lo perdería por nada del mundo -dijo él-. Y si logras convencer a tu madre, incluso encerraré a Darling por ti. -Hizo una mueca-. Olvídalo. Ya me están echando el mal de ojo por interferir en tus responsabilidades.
– Ella es así, -Frankie condujo el caballo hacia el establo-. Pero no me importa. Me gusta poner cómodo a Darling. Es una forma de compensarle por lo bien que me lo hace pasar.
– Como tirarte al suelo.
