
Como todos los aprendices, no cobraba ninguna paga, vivía en la casa de su maestro, le servía a la mesa, se alimentaba de las sobras y dormía en el suelo. Por suerte, el senhor Tomas Habitas era un amo bondadoso y un armero sensacional. A pesar de que podía hacer unas preciosas pistolas de duelo y fusiles de caza, era lo bastante listo para comprender que, para prosperar en aquel sector, tenía que ser un Manton, cosa que, fuera de Londres, no podía ser. Por consiguiente, optó por fabricar el mosquete militar cariñosamente conocido por todos los soldados e infantes de marina como «Brown Bess», la Morena Isabelita, cuyas cuarenta y seis pulgadas de longitud -que abarcaban tanto la culata de madera como el acero del cañón- eran tan marrones como una nuez. A los diecinueve años, Richard terminó su aprendizaje y abandonó la familia de Habitas, pero no su taller. Allí siguió fabricando, pero ahora como maestro artesano, el Brown Bess. Y se casó, cosa que no habría podido hacer siendo aprendiz. Su mujer era hija del hermano de su madre y, por lo tanto, prima hermana suya, pero, puesto que la Iglesia anglicana no lo prohibía, se casó con su prometida en la iglesia de St. James bajo los auspicios de su primo Jem el clérigo. A pesar de haber sido arreglada, fue una boda por amor y, a medida que pasaban los años, el amor entre los miembros de la pareja se fue consolidando. No sin ciertas dificultades de nomenclatura, pues Richard Morgan, hijo de Richard Morgan y de Margaret Biggs, había tomado por esposa a otra Margaret Biggs.
Mientras la armería de Habitas prosperó, semejante situación no resultó demasiado incómoda, pues el joven matrimonio vivía en un apartamento alquilado de dos habitaciones en Temple Street al otro lado del Avon, justo a la vuelta de la esquina del taller de Habitas y de la sinagoga judía.
La boda se había celebrado en 1767, tres años después de la guerra de los Siete Años contra Francia, concluida con un tratado de paz muy impopular.