– Pero sin mí. No querías que yo te protegiese las espaldas y… Pero bueno, ¿qué cojones importa? -dijo Alexei, sin terminar la frase anterior-. ¿Qué ha sido eso?

– Nada.

– Lo he oído. Estás llorando.

Silencio.

– Pues gracias, joder -dijo Alexei-. Me cago en la puta, al menos estás triste, Vasya.


* * *

Pepe iba por la carretera, algo más tarde de lo previsto y con unas cuantas copas más de lo que pretendía, todo por culpa del fútbol: el Sevilla había ganado un partido de la Copa de la UEFA en Atenas. Con la euforia posterior al partido, había cenado con vino y coñac. Ahora llevaba la música a todo volumen y cantaba junto con su cantaor flamenco favorito, Camarón de la Isla. Menuda voz. Se le saltaban las lágrimas.

Puede que fuera algo más rápido de la cuenta, pero no había mucho tráfico y los carriles de la autopista parecían tan anchos y tan bien iluminados como una pista de aterrizaje. La música acallaba el traqueteo de las barras de acero. Estaba contento, botando en su asiento mullido, con ganas de ver a su hija y a los bebés. Tenía las mejillas húmedas de emoción.

Y fue en ese momento, en la cumbre de su felicidad, cuando reventó el neumático del lado del conductor. Fue un ruido tan fuerte que penetró en la cabina. Un impacto seco y atenuado como de artillería pesada a lo lejos, seguido del chasquido y el desgarro del neumático al despegarse de la llanta y golpear contra la rueda. Le dio un vuelco el estómago cuando la cabina se inclinó hacia la izquierda. Con la interrupción de la música, oyó el chasquido de los trozos de neumático contra el lateral del camión, los chirridos metálicos en el asfalto. Los faros delanteros, que se habían mantenido firmes entre los carriles, giraron bruscamente a través de los destellos blancos rectos, y aunque todo se ralentizaba de manera que ningún detalle pasaba desapercibido para sus ojos abiertos de par en par, un instinto profundo le decía que iba a una velocidad peligrosamente rápida, en una cabina con una carga muy pesada detrás.



4 из 388