
El teléfono tembló bajo el cálido aliento de la noche despiadada.
– Diga -dijo Falcón, que estaba sentado en la cama con uno de los cientos de expedientes relativos al atentado de Sevilla del 6 de junio sobre las rodillas.
– ¿Estás despierto, Javier? -preguntó su jefe, el comisario Elvira.
– A esta hora de la mañana es cuando pienso mejor -dijo Falcón.
– Pensaba que la mayor parte de la gente de nuestra edad sólo se preocupaba por las deudas y la muerte.
– Yo no tengo deudas… al menos financieras, vaya.
– Acaban de despertarme para hablar de la muerte… de una muerte concreta -dijo Elvira.
– ¿Y por qué te han llamado a ti, y no a mí?
– En algún momento antes de las once y treinta y cinco, que fue cuando se dio parte, hubo un accidente de tráfico en el kilómetro treinta y ocho de la autopista de Jerez a Sevilla en dirección norte. En realidad, ocurrió a ambos lados de la autopista, pero las muertes se produjeron en dirección norte. Me han dicho que es muy desagradable y necesito que te acerques allí.
– ¿No puede encargarse la Guardia Civil? -dijo Falcón, mientras echaba un vistazo al reloj-. Vaya, se lo han tomado con calma.
– El tema es complicado. Al principio pensaron que era sólo un vehículo, una camioneta, que había chocado con los guardarraíles de la mediana, y que la carga había salido despedida. Tardaron un tiempo en darse cuenta de que había otro vehículo, detrás de unos pinos, al fondo de un barranco, al otro lado de la autopista.
– Eso tampoco es motivo para implicar al Grupo de Homicidios.
– El conductor del vehículo que circulaba en dirección norte ha sido identificado como Vasili Lukyanov, de nacionalidad rusa. Cuando al fin consiguieron inspeccionar el interior del maletero de su coche, descubrieron que se había abierto una maleta que contenía un montón de dinero… Vaya, una barbaridad de dinero.
