
– Supongo que hablamos de un miembro de una banda mafiosa rusa -dijo Falcón.
– Sí. Ya he hablado con el Centro de Inteligencia contra el Crimen Organizado. Lo han confirmado. Área de especialidad: prostitución. Zona de operaciones: Costa del Sol. Y he contactado con el inspector jefe Casado, ¿te acuerdas de él? El del GRECO, el Grupo de Respuesta Especial al Crimen Organizado en la Costa del Sol.
– El que nos hizo una presentación en julio sobre la instauración de un GRECO en Sevilla para investigar la actividad de la mafia aquí -dijo Falcón-. Y no ha ocurrido nada.
– Se ha retrasado la cosa.
– ¿Y por qué no se encarga él de este caso?
– Precisamente por ese retraso, está en Marbella, ocupándose de veinte investigaciones allí -dijo Elvira-. Y, además, todavía no ha empezado a trabajar sobre la situación de Sevilla.
– Sabrá más que nosotros y tendrá información sobre la actividad de Lukyanov en la Costa del Sol.
– Exacto, por eso nos va a mandar a uno de sus hombres, Vicente Cortés, que vendrá con alguien del Centro de Inteligencia contra el Crimen Organizado.
– Bueno, yo ya estoy despierto, así que voy para allá -dijo Falcón, y colgó.
El afeitado era el juicio matinal en el que se procesaba su barba de tres días. La historia de siempre con unas cuantas líneas más. La mente grabando sus dudas y temores. Le habían dicho que no esperaban de él la resolución definitiva del atentado de Sevilla. Lo sabía. Se había fijado en los demás inspectores jefes que hacían su desagradable trabajo en el mundo de la violencia y lo dejaban siempre en la oficina.
