No había nadie. Pasé al antecomedor, con una temeridad que me enorgullecía. Oí pasos. Quise abrir una puerta que da afuera y volví a encontrarme con uno de esos picaportes inexorables. Por la escalera de servicio bajaba alguien. Corrí hacia la entrada. Pude ver, por la puerta abierta, parte de una silla de paja y de unas piernas cruzadas. Volví en dirección de la escalera principal; allí también oí pasos. Había gente en el comedor. Entré en el hall, vi una ventana abierta y, casi al mismo tiempo, a Irene y a la mujer que la otra tarde hablaba de fantasmas, por un lado, y por otro, al joven de ceño cargado de pelo con un libro abierto, caminando hacia mí y declamando poesías francesas. Me detuve; caminé, tieso, entre ellos; casi los toqué al pasar. Me arrojé por la ventana y con las piernas doloridas por el golpe (hay como tres metros desde la ventana hasta el césped), corrí barranca abajo, con muchas caídas, sin fijarme si alguien miraba.

Preparé un poco de comida. Devoré con entusiasmo y pronto, sin ganas.

Ahora casi no tengo dolores. Estoy más tranquilo. Pienso, aunque parezca absurdo, que tal vez no me hayan visto en el museo. Ha pasado todo el día y nadie ha venido a buscarme. Da miedo aceptar tanta suerte.


* * *

Tengo un dato, que puede servir a los lectores de este informe para conocer la fecha de la segunda aparición de los intrusos: las dos lunas y los dos soles se vieron al día siguiente. Podría tratarse de una aparición local; sin embargo me parece más probable que sea un fenómeno de espejismo, hecho con luna o sol, mar y aire, visible, seguramente, desde Rabaul y desde toda la zona. He notado que este segundo sol -quizá imagen de otro- es mucho más violento. Me parece que entre ayer y anteayer ha habido un ascenso infernal de temperatura. Es como si el nuevo sol hubiera traído un extremado verano a la primavera. Las noches son muy blancas: hay como un reflejo polar vagando por el aire. Pero imagino que las dos lunas y los dos soles no tienen mucho interés; han de haber llegado a todas partes, o por el cielo o en informaciones más doctas y completas. No los registro por atribuirles valor de poesía o de curiosidad, sino para que mis lectores, que reciben diarios y tienen cumpleaños, daten estas páginas.



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