
– ¿Por qué? -preguntó Perry, frunciendo el ceño.
– Es tan… siniestro. Doblas una esquina y te topas con él. Y a los perros tampoco les gusta.
– Los Gunter han atracado sus botes en nuestras tierras desde los tiempos de mi abuelo. El padre de Ray…
– Lo sé, lo sé, pero el padre de Ray está muerto. Y Ben Gunter era el anciano más agradable que haya conocido nunca. En cambio, Ray es un tipo…
– ¿Desagradable?
– No, peor que eso. Es siniestro, como te he dicho antes.
– No estoy de acuerdo. Puede que no sea un gran conversador, y probablemente atufa un poco, pero eso es por culpa del pescado. Creo que si intentamos echarlo puede causarnos toda clase de problemas. La prensa local se cebaría en nosotros.
– Al menos, entérate de cuál es nuestra situación legal.
– ¿Por qué meternos en gastos?
– ¿Por qué no? ¿Por qué eres tan…? -Dejó la taza de café en la mesita de noche y buscó sus gafas-. Te contaré una cosa que me confió Sophie. ¿Conoces a su hermana?
– ¿La hermana de Gunter? ¿Kayleigh?
– Sí, Kayleigh. Según parece, la chica que cuida del jardín de los Fortescue iba al colegio con ella y le dijo a Sophie que la hermana de Gunter (Kayleigh, sí) trabaja un par de noches por semana en un club de King's Lynn haciendo de stripper.
– ¿En serio? -Perry alzó las cejas sorprendido-. No sabía que King's Lynn ofreciera ese tipo de tentaciones tan escabrosas. ¿Mencionó el nombre del club?
– Perry, por favor. El asunto es que la actual generación de los Gunter no son simples pescadores como sus padres.
Perry se encogió de hombros.
– Tempora mutantur, et non mutamur in illis.
– ¿Y qué se supone que significa eso?
Perry se acercó a la ventana y contempló la costa de Norfolk, mientras iba siendo iluminada por el creciente sol.
– Los tiempos cambian y nosotros cambiamos con ellos -susurró-. Ray Gunter no nos causa ningún perjuicio… de momento.
