– Creo que palomas -murmuró Frankie nerviosamente, contemplando una bolsa de pastillas de éxtasis-. Deben de estar deshaciéndose de los stocks viejos.

Repitieron la operación con las otras tres cajas. Frankie llenó una mochila con las bolsas de éxtasis, el temazepán y la metanfetamina, tapándolo todo con una camiseta y un par de calzoncillos sucios.

– Las mariposas son para Basildon, Chelmsford, Brentwood, Romford y Southend -ordenó Eastman-. Las palomas para Harlow, Braintree, Colchester…

El teléfono lo interrumpió y alzó una mano para que Frankie esperase. Mientras respondía a la llamada, miró a su subalterno una o dos veces, pero Frankie se limitó a contemplar la planta baja a través de la cristalera, aparentemente absorto en las maniobras de carga de un camión.

¿Estaba enganchado a sus propias drogas?, se preguntó Eastman. ¿O sólo al juego? ¿Debería ofrecerle una zanahoria después del palo de aquella mañana, meterle un par de billetes de cincuenta en el bolsillo antes de que se fuera de allí?

Al final decidió que no. Tenía que aprender la lección.

9

– Faraj Mansoor -dijo Charles Wetherby, devolviendo las gafas con montura de carey a su bolsillo superior-. ¿Significa algo ese nombre para ti?

Liz asintió.

– Sí, alguien con ese nombre encargó un falso carnet de conducir inglés la semana pasada en un puerto del norte… Bremerhaven, creo. Nuestro contacto alemán nos informó ayer.

– ¿Algún antecedente terrorista?

– Consulté la base de datos. Faraj Mansoor formaba parte de una larga lista que nos envío nuestro enlace paquistaní, con todas las personas que hablaron o contactaron con Dawood al Safa durante su visita a Peshawar a principios de año.

– ¿Al Safa? ¿El cartero del SIT? ¿Ese que mencionó ayer Mackay?

– El mismo. Ese tal Mansoor (y según parece, es un nombre bastante común) está identificado como empleado de una especie de concesionario de coches y taller de reparaciones situado en la carretera de Kabul. Aparentemente, Al Safa se detuvo allí y echó un vistazo a algunos vehículos de segunda mano. Nuestro enlace paquistaní tenía a un par de chicos vigilándolo, y cuando se marchó colaron un agente entre los empleados.



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