
– ¿Doy la impresión de no estar bien?
– No, no es eso. Pero sé que el asunto Marzipan no ha sido fácil para ti. Es muy joven, ¿verdad?
– Sí, lo es.
Wetherby asintió.
– También es una de nuestras principales promesas, por eso te lo cedí. Habla con él, pero no digas nada… Por ahora no quiero que nadie se entere de su existencia.
– No creo que Fane lo haya registrado todavía en su radar.
– Mantenlo así. Ese chico es una apuesta a largo plazo, y eso significa no presionarlo pase lo que pase. Concéntrate en mantenerlo bien atado. Si realmente es tan bueno como dices, tarde o temprano obtendremos resultados.
– Mientras usted esté dispuesto a esperar…
– Tanto como haga falta. ¿Sigues creyendo que no irá el año que viene a la universidad?
– Sí. Aunque no sé si ya se lo ha dicho a sus padres.
Wetherby asintió, se levantó y se acercó a la ventana. Contempló el río antes de volverse hacia ella.
– Dime, ¿qué crees que estarías haciendo ahora si no trabajaras aquí?
Liz lo miró con desconcierto.
– Es curioso que me lo pregunte -dijo-. Porque esta misma mañana me estaba preguntando lo mismo.
– ¿Por qué esta mañana precisamente?
– He recibido una carta.
Él esperó. Su silencio tenía una cualidad reflexiva, no forzada, como si ambos tuvieran todo el tiempo del mundo.
Dubitativa al principio, insegura de cuánto podía saber él, Liz comenzó a resumirle algunos aspectos de su vida. Su fluidez la sorprendió incluso a ella misma, como si estuviera recitando una historia aprendida de memoria. Verídica y verificable, pero al mismo tiempo irreal.
Durante más de treinta años, su padre había sido administrador de la propiedad Bowerbridge, en el valle del río Nadder, cerca de Salisbury. Su esposa y él vivían en la casa del guarda de la propiedad, y Liz había crecido allí. Pero ya hacía cinco años que Jack Carlyle muriera y, poco después, el propietario de Bowerbridge vendió la propiedad. Los bosques y bosquecillos que comprendían las instalaciones deportivas de la propiedad fueron comprados por un granjero local, y la mansión principal, con sus jardines al aire libre, invernaderos y jardines amurallados, los adquirió el propietario de una cadena de centros de jardinería.
