– Todo es precioso e inesperado -comentó sinceramente-. Gracias por la invitación.

– Gracias por aceptar.

– Supongo que parte de esta gente es de los tuyos.

– Uno o dos. Y cuando has entrado en el comedor, has reforzado mi posición un ciento por ciento. Habrás notado que estamos siendo espiados discretamente.

– Sí, lo he notado. -Sonrió-. Deberías enviar a tus colegas río abajo para una de nuestras rondas de vigilancia.

Estudiaron la carta. Inclinándose hacia delante, Mackay le aseguró a Liz que podía predecir lo que ella iba a pedir. Sacó un bolígrafo del bolsillo, se lo ofreció y le sugirió que marcase lo que había elegido.

Manteniendo el menú bajo la mesa para que su acompañante no pudiera verla, Liz marcó una ensalada de pechuga de pato ahumada. Era un entrante, pero ella escribió al lado: «como plato principal».

– Bien, ahora pliega el menú y guárdatelo en el bolsillo -pidió Mackay.

Ella lo hizo. Estaba segura de que no había podido ver lo que escribía.

Cuando acudió el camarero, Mackay pidió un filete de venado y una copa de vino italiano Barolo.

– Y para mi colega, una ensalada de pechuga de pato ahumada -añadió con una sonrisa, señalando a Liz con la cabeza-. Como plato principal.

– Muy listo -admitió ella, frunciendo el ceño-. ¿Cómo lo has sabido?

– Top secret. Bebe un poco de vino.

– No, gracias. -Le apetecía, pero creyó que debía permanecer fiel a su comentario anterior en el coche.

– Sólo un copa. Para que no tenga que beber solo.

– Está bien, pero sólo una. Ahora dime cómo…

– No tienes la acreditación de seguridad adecuada.

Liz miró alrededor. Nadie había podido ver su nota, y tampoco encontró superficies reflectantes que ayudaran a Mackay.

– Muy divertido. Explícamelo.

– Como ya he dicho…



44 из 314