
– Un hombre que realmente ama a una mujer la respeta -me decía a menudo-. Tú eres inteligente. No te cases nunca con alguien inferior a ti. Y no te cases con un agricultor, si puedes evitarlo.
Aunque mi padre siempre decía que yo podría elegir marido cuando lo creyera adecuado, sospechaba que tía Yvette tenía en mente para mí a los hijos del médico o de los notarios de Sault. No me interesaban en absoluto los chicos, pero sí me producía interés tener un nuevo vestido.
Tío Gerome apareció en el patio embutido en sus calzas de piel y con la escopeta de caza sobre el hombro.
– Ten cuidado por el camino -le advirtió a mi padre-. Las lluvias lo han destruido parcialmente.
– Avanzaremos despacio -le prometió mi padre-. Si pensamos que no podemos volver antes del anochecer, nos quedaremos allí a pasar la noche.
El otoño en la Provenza era tan hermoso como la primavera y el verano. Me imaginé a mi padre y a Jean recorriendo los bosques de pinos verde jade y las parras vírgenes con su rojo encendido. Me hubiera gustado ir con ellos, pero no había suficiente espacio. Los dos nos dijeron adiós con la mano y vimos como el carro se alejaba por la carretera traqueteando y bamboleándose. La voz de mi padre resonaba en el aire:
Aquellas montañas, las altas montañas
que dominan los cielos,
se ciernen para ocultarla
de mis anhelantes ojos
Mi madre y mi tía se encaminaron hacia la cocina de tía Yvette, que utilizábamos más que la nuestra, porque era más grande y tenía un horno de leña. Las seguí mientras cantaba la última estrofa de la canción de mi padre:
Las montañas se apartan y la veo claramente, pronto estaré con ella cuando mi barco se aproxime.
Pensé en lo que nos había contado mi madre sobre la predicción de mi abuela de que yo sería cantante. Si eso llegara a ser cierto, el único del que podía haber heredado mi talento era mi padre. Su voz era pura como la de un ángel. Bernard contaba que cuando estaban hundidos hasta la rodilla en el fango de las trincheras con el olor a muerte a su alrededor, los hombres solían pedirle a mi padre que cantara.
