—¿No hay esperanzas de… recuperación? Gulya estaba cerca e intervino naturalmente en la conversación.

—Parece tratarse de un caso normal de muerte, con lo cual el pronóstico no es favorable — rió.

Rashgallivak le dio un violento empujón que le hizo tambalear.

—Muy gracioso.

—¿Ahora dejan entrar a los críticos entre bastidores? —dijo Gulya—. ¿Durante la representación?

—Lárgate, Gulya —dijo Kokor. Había sido un error acostarse con el viejo. Desde entonces se creía con derecho a entrometerse en cuestiones personales.

—Naturalmente, lo mejor sería que me acompañaras —dijo Rashgallivak.

—No —dijo Kokor—, no sería lo mejor. —¿Quién era aquel hombre? Que ella supiera, no eran parientes. Kokor tendría que acudir a Madre. ¿Estaba Madre al corriente?—. ¿Madre ya sabe…?

—Por supuesto, se lo conté primero a ella, y ella me dijo dónde encontrarte. Son tiempos muy peligrosos, y le prometí que te protegería.

Kokor supo que Rashgallivak estaba mintiendo. ¿Para qué necesitaba la protección de un desconocido? ¿Y de qué iba a protegerla? Pero los hombres siempre usaban la protección como excusa. Cuando un hombre hablaba de proteger a una mujer, sólo deseaba adueñarse de ella. Y si ella quisiera que un hombre fuera su dueño, ya tenía un esposo. No necesitaba que la cuidara aquel viejo imbécil.

—¿Dónde está Sevet?

—Aún no la hemos encontrado. Insisto en que me acompañes.

Tumannu se entrometió.

—Kokor no irá a ninguna parte. Aún le quedan tres escenas, incluyendo el final.

Rashgallivak abandonó su aire de tonta timidez para enfrentarse a ella con inesperada arrogancia.

—¿Crees que se quedará a terminar una obra cuando acaban de matar a su padre? — declaró. Kokor se preguntó si esa arrogancia ya había estado antes pero ella no la había visto.



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