Él se quedó mirando, viendo cómo se asomaban a la ventana. Charlotte los sujetaba con la cara repentinamente sombría por la soledad. Nubes de vapor se elevaban hacia el enorme techo repleto de arcos. En el aire flotaban las motas de carbonilla y el olor a hollín, hierro y fuego.

Pitt se despidió con la mano hasta que el tren se perdió de vista al tomar la curva de las vías, y luego retrocedió lo más deprisa que pudo por el andén hasta salir a la calle. En la parada de coches de punto, se subió al primero y pidió al cochero que le llevara a la Cámara de los Comunes.

Se recostó y pensó en lo que iba a decir cuando llegara allí. Se encontraba al sur del río, pero no tardaría mucho en llegar, ni siquiera con el tráfico de la hora del almuerzo. Las cámaras del Parlamento estaban en la orilla norte, a unos treinta minutos.

Siempre le había preocupado mucho la injusticia social, los males de la pobreza y la enfermedad, la ignorancia y los prejuicios, pero no tenía muy buen concepto de los políticos y dudaba que trataran muchos de los problemas que le preocupaban a menos que los obligaran individuos con una gran pasión por la reforma. Era el momento de volver a evaluar ese juicio apresurado y averiguar más tanto sobre los individuos como sobre el sistema.

Empezaría por su cuñado, Jack Radley, el segundo marido de Emily y el padre de su hija, Evangeline. Cuando se conocieron, Jack era un hombre encantador que no tenía ni título ni suficiente dinero para distinguirse en la alta sociedad, pero sí el ingenio y la buena apariencia para que lo invitaran a tantas casas que disfrutaba de una vida elegante y bastante holgada.

Desde que se había casado con Emily, esa clase de existencia le había parecido cada vez más vacía, hasta que, llevado por un impulso, se había presentado al Parlamento y había sorprendido a todos, sobre todo a sí mismo, al ganar un escaño. Tal vez se había debido a una racha de buena suerte política, o a que su escaño se hallaba en uno de los muchos distritos electorales donde la corrupción determinaba los resultados, pero desde entonces se había convertido en un político bastante serio y más importante de lo que su vida pasada habría hecho prever a cualquiera.



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