
– Siéntate -le invitó-. ¿Qué te trae por aquí? Creía que por fin ibas a tomarte unas vacaciones. ¡Tienes a Edward contigo! -Su mirada se ensombreció, y Pitt advirtió con amargura que su cuñado era consciente de lo injusto de su situación actual en la Brigada Especial y que temía que le pidiera ayuda para cambiarla. Era algo que no estaba en su mano, y Pitt lo sabía mejor que él.
– Charlotte se ha llevado a los niños -respondió-. Edward estaba muy emocionado y dispuesto a conducir él mismo el tren. Yo debo quedarme un tiempo aquí. Como sabes, dentro de unos días se celebrarán las elecciones. -Permitió que su rostro trasluciera un atisbo de humor-. Por motivos que no puedo explicar, necesito información sobre algunos temas a debate… y sobre ciertas personas.
Jack contuvo el aliento.
– Motivos de la Brigada Especial. -Pitt sonrió-. No personales.
Jack se sonrojo ligeramente. No solían pillarle desprevenido, y menos Pitt, quien no estaba acostumbrado al debate político y a la ofensiva de la oposición. Tal vez había olvidado que los interrogatorios de sospechosos se basaban prácticamente en los mismos elementos: los rodeos, el estudio de rostros y gestos, la anticipación y la emboscada.
– ¿Qué temas? -preguntó Jack-. ¡Está el autogobierno de Irlanda, pero hace generaciones que se habla de él! No se ha hecho ningún progreso al respecto, aunque Gladstone sigue con ello. Ya se hundió una vez por culpa de ese asunto y creo que va a volver a costarle votos, pero nadie ha sido capaz de hacerle renunciar. Y bien sabe Dios que lo han intentado. -Hizo una mueca ligeramente irónica-. En cambio, del autogobierno de Escocia o de Gales se habla bastante menos.
Pitt se sobresaltó.
– ¿El autogobierno de Gales? -repitió con incredulidad-. ¿Hay alguien que lo respalde?
– No muchos -admitió Jack-. Lo mismo que el de Escocia, pero es uno de los temas que se están debatiendo.
